Memoria Histórica
25 años del asesinato de Valentín González
La represión "democrática" actuó contra un militante anarcosindicalista
Lunes 7 de junio de 2004
Última actualización: Lunes 12 de julio de 2004Seguramente estaría terminando de pagar la pesada hipoteca de la vivienda familiar, y hasta es posible que tuviera hijos a punto entrar en el precario mercado laboral... o estudiando una carrera tras otra, a la espera de aprobar alguna oposición. Esto sería así, muy probablemente, si Valentín (militante anarcosindicalista, como su padre y la mayoría de los compañeros de la colla de Abastos) no hubiera estado aquel 25 de junio de 1979 en huelga para defender su puesto de trabajo, su salario y la dignidad de todos los trabajadores, y si un policía, un defensor del orden establecido -un orden que acepta impasible la muerte de miles de personas cada día por hambre u otras epidemias evitables- no hubiera considerado aquella acción suficiente motivo para dispararle a quemarropa una pelota de goma que le causó la muerte inmediata, ante la mirada angustiosa de su padre y la congoja de aquellos hombres curtidos por el duro trabajo de la estiba. Nunca la clase obrera y la totalidad de la sociedad valencianas habían manifestado con tanta unidad y fuerza su rabia y su dolor, ninguna huelga general ha sido tan absoluta como la de aquel 27 de junio, ni se ha visto una manifestación tan emotiva y numerosa (más de 400.000 personas) como la celebrada en la capital del Turia durante la jornada de lucha convocada por todos las organizaciones sindicales y políticas de izquierdas el día del entierro de Valentín, del compañero que nos habían matado a todos. Hoy, 25 años después, en el lugar de su muerte ya no esta el viejo Abastos, ni tampoco existe ningún detalle que honre su memoria. El ayuntamiento de Valencia, que en su largo callejero y amplio patrimonio monumental tiene rótulos y esculturas para gentes que muy poco o nada han aportado a los valores humanos y las libertades públicas (una rápida lectura al plano de la cuidad nos permitirá encontrar vías urbanas dedicadas a militares, toreros, deportistas, políticos, cantantes y otras afortunadas y bien retribuidas profesiones) no ha podido o no ha querido en estos cinco lustros -tras varios consistorios de izquierdas y de derechas- dedicar una placa o una humilde calle de un apartado barrio obrero en recuerdo de Valentín González. Estamos de acuerdo en que ese sencillo homenaje no le hubiera devuelto a nuestro compañero esa vida truncada en plena juventud, pero con tan sencillo como necesario gesto hacia su memoria se estaría recordando a las generaciones venideras lo dura y sacrificada que ha sido la lucha de los trabajadores en pos de una sociedad más justa e igualitaria; se honraría a la gente sencilla y honrada como Valentín, que ha dejado su vida defendiendo la libertad y la justicia; todos los derechos sociales que hoy todavía nos son regateados y esquilmados por nuestros modernos -y parece que eternos- explotadores. Pero a pesar de ese silencio oficial, que todavía se resiste a aclarar cientos de asesinatos del franquismo y la transición, no han logrado su objetivo de que se borre de la memoria colectiva el nombre de Valentín González ni la sensación de que, al menos durante un día, fuimos tantos y estábamos tan seguros de nuestra razón y nuestra fuerza, que nos echamos a la calle y paramos toda la actividad laboral, la generación de riqueza, que es lo que más le duele al poder, casi lo único. Aquel día nos sentimos clase trabajadora orgullosa y solidaria, y el mejor homenaje que podemos hacerle a Valentín y a todos los obreros caídos en la lucha es intentar volver a sentir y a soñar como entonces.
Antonio Pérez Collado
