Hoy como ayer, por nuestros derechos
Jueves 3 de mayo de 2007
Última actualización: Jueves 3 de mayo de 2007Metidos irremediablemente en el tercer milenio, nos siguen sobrando razones para reivindicar el sentido histórico del 1º de Mayo, por más que nos insinúen que el obrerismo es algo superado y que la sociedad del bienestar nos ha convertido a todos en ciudadanos de primera. En nuestros días, nos dicen, los derechos sociales están garantizados por modernas leyes, y la libertad de mercado crea las condiciones para que el conjunto de la población pueda disfrutar de niveles de bienestar y servicios nunca soñados.
En CGT no podemos compartir esas endebles aseveraciones, ni creemos que esa riqueza, que sin duda se está creando con el esfuerzo de millones de trabajadores, tienda a repartirse con equidad entre todos los seres humanos. Muy al contrario, y especialmente en los últimos decenios, se puede observar que cada vez los pobres son más y más pobres y los ricos son los mismos, pero mucho más ricos. No hace falta leerse la lista de los 100 hombres más asquerosamente ricos de la revista Forbes para darse cuenta de que una selecta minoría ve aumentar al infinito su poder y sus posesiones mientras la mayoría de la humanidad no tiene cubiertas ni sus necesidades más elementales: agua, comida, vivienda o medicinas. La pujante economía de los países desarrollados se sustenta en la explotación y empobrecimiento progresivo del resto del planeta, de tal forma que los recursos naturales de continentes enteros son controlados y expoliados por poderosas multinacionales del Norte opulento, sometiendo a sus poblaciones al hambre, la miseria o, en último extremo, obligando a sus gentes a emprender el camino de la emigración a Europa y Norteamérica.
Nuestro país no es ajeno a esta política global, por lo que los trabajadores españoles estamos sufriendo los ataques más furibundos del neoliberalismo capitalista. Con cada nueva reforma hemos ido viendo como nuestros salarios y derechos eran recortados; las pensiones, el seguro de paro, la indemnización por despido, etc. han empeorado sensiblemente con los pactos de patronal, sindicatos mayoritarios y gobierno de turno. Estos sacrificios, nos aseguraron sus firmantes, nos los imponían para así preservar y mejorar el empleo, pero dichos acuerdos no han evitado el despido de cientos de miles de españoles ni han logrado bajar la tasa de temporalidad del 33% (el 91%, si tenemos en cuenta solamente los nuevos contratos).
Por otro lado, asistimos al nuevo fenómeno de la deslocalización de empresas españolas y multinacionales, que huyen en busca de paraísos con mano de obra todavía más barata y leyes más tolerantes, lo que significa crisis y desempleo para muchas comarcas; precisamente se destruye el poco empleo estable y digno con que contábamos. Los casos recientes de Delphi, SAS, y otras muchas empresas afectadas por los ERE son sólo la punta del iceberg que emergió con las reconversiones de sectores tan importantes como la siderurgia, la minería, el calzado, el textil, los astilleros, etc.
Hoy la precariedad en el empleo afecta a más de un tercio de la población activa, los accidentes de trabajo se siguen cobrando más de mil vidas cada año y la pérdida de capacidad adquisitiva de los obreros es cada vez más patente, como lo demuestra la carestía de la vida y, muy especialmente, de la vivienda. Todo ello a pesar de que el gobierno insista en que la economía española es la que más crece de Europa y de que los agentes sociales firmen pactos para controlar precios y salarios; al final siempre son estos últimos los únicos que no suben, los únicos que nos controlan. Nuestro sindicato ha sido uno de los pocos que han denunciado y combatido estas políticas del capitalismo salvaje. Vamos a seguir en esa línea: queremos ser una herramienta útil para todos los trabajadores; para los de la fábrica y para los funcionarios, para los que tienen empleo digno y para los emigrantes que acampan bajo los puentes. Por eso, desde CGT, lanzamos en esta jornada del 1º de Mayo un mensaje de solidaridad y esperanza para quienes sufren las consecuencias de las nuevas formas de explotación, de la rapiña del capitalismo de siempre. A toda esa gente queremos decirle que de nuestros problemas, de la pérdida de derechos, no tienen la culpa los trabajadores extranjeros; ellos también son las víctimas: los culpables son los explotadores de siempre, y para el dinero no hay patrias ni fronteras. Para el sindicalismo reivindicativo tampoco debe haberlas.
Antonio Pérez Collado
Secretario General de CGT-PV

