Prioridades del movimiento obrero

Prioridades del movimiento obrero en capacitacion y formacion laboral

Jueves 22 de junio de 2006

Última actualización: Jueves 24 de agosto de 2006

La Confederación General del Trabajo, asumiendo la cuota de responsabilidad que nos corresponde


Desde el comienzo de la presente década, el sindicalismo fue incorporando en la lista de sus prioridades toda la problemática ligada a la reconversión laboral y la articulación del mundo del trabajo, con sus nuevas realidades al sistema educativo, esperando encontrar en el mismo, respuestas para las crecientes necesidades de nuevos conocimientos que exigía y exige la nueva organización de la producción y los servicios.

Indudablemente nuestra educación no estaba preparada para afrontar este desafío, como no lo estaba ningún sector de nuestra sociedad. Todos debimos iniciar un complejo aprendizaje de urgencias inéditas, ya que de la celeridad y acierto de las respuestas que debimos y debemos articular depende, en gran medida, la construcción de una sociedad, que ofrezca posibilidades de integración para todos.

Como una primera respuesta numerosos sindicatos iniciamos o profundizamos nuestros compromisos educativos en general y con la Formación Profesional en particular. A lo largo y a lo ancho del país se fueron elaborando diferentes propuestas de Formación Profesional, que tendieron a dar respuesta inmediata a las necesidades de los trabajadores.

Al mismo tiempo nos involucramos fuertemente en la discusión teórica destinada a encontrar las fórmulas más eficaces en articular Educación-Trabajo. Tanto en el Consejo Nacional de Educación y Trabajo, que funciona en el Ministerio de Cultura y Educación, como en el Sub. grupo 10, referido a la Formación Profesional, en el contexto de la integración regional del Mercosur, la Confederación General del Trabajo definió orgánicamente una fuerte participación en el convencimiento que en esos espacios de discusión no solo se encontraban en juego los intereses de los trabajadores y sus familias, sino también que, era imprescindible el aporte del movimiento obrero y su concepción sobre esta cuestión para encontrar las respuestas que la sociedad espera.

Hoy ha transcurrido casi una década desde que estos temas se abrieron paso dentro de las preocupaciones de funcionarios, intelectuales, docentes y representantes sectoriales; y el balance de lo actuado y pensado nos ofrece, a mi entender, algunas certezas, muchas incertidumbres y la aparición de nuevos problemas. Trataré de sintetizarlos:

Las innovaciones tecnológicas se fueron introduciendo solo paulatinamente en nuestra realidad productiva, determinando la "convivencia" del modelo fordista-taylorista con las nuevas formas de organización flexible del trabajo. Si bien esto aun así en gran medida, es previsible que en un futuro no muy lejano esta superposición desaparezca, debido al inevitable desarrollo del proceso de globalización y la imposibilidad de competir desde tecnologías y formas de organización del trabajo obsoletas.

Producida esta "unificación", la natural competencia de las empresas por los mercados ya no podrá establecerse en función de la tecnología, que será en alguna medida uniforme y al alcance de todos. Por lo tanto la diferenciación entre empresas recaerá en el tema de los menores costos o en la mayor eficiencia y calidad. Es posible que se pretenda hacer el achicamiento de los costos empleando el salario como variable de ajuste. No es esta una afirmación nacida solo desde la permanente conflictividad empresario-sindical sobre el reparto de las utilidades, sino que se apoya en la fría estadística de los números oficiales. En nuestro país "desde 1995 el salario real cayó un 8%, mientras que la productividad aumentó un 27%. Entre 1995 1998 la producción industrial aumentó un 17%, las horas trabajadas no variaron y el costo laboral cayó un 6,6%. En el mismo lapso la productividad aumentó un 17% mientras que el costo laboral ajustado por productividad, considerando la reducción de las cargas patronales, se redujo un 20%". (Diario Clarín, del 28/5/99, nota firmada por Julio Sevares, apoyándose en estadísticas del Centro de Estudios para la Producción de la Secretaría de Industria del Ministerio de Economía.).

Si esta es la tendencia que se desarrollará en el futuro se estará cometiendo, a nuestro entender, un grave error, no solo desde los intereses de los trabajadores, sino también contemplando las necesidades de la empresa misma.

Una de las claves del problema es la interpretación que se ha dado al concepto de flexibilidad. Se ha confundido flexibilidad con precarización, términos que, a mi parecer son absolutamente antagónicos. Por precarización entendemos trabajo desjerarquizado, con poca o nula calificación, con alta rotación de los trabajadores, que no asumen ningún compromiso con los intereses de la empresa, ya que la misma naturaleza del vinculo laboral preanuncia su futura e inevitable ruptura. Esta situación poco tiene que ver con un trabajador flexible. En realidad nos encontramos con un trabajador desprotegido, que ante lo precario de su situación es incapaz de desarrollar sus capacidades y establecer un vinculo de pertenencia laboral y social. En este contexto las tareas de capacitación asumidas por la empresa, el trabajador individualmente, el estado o su organización sindical adquieren una importancia más que relativa.

La nueva organización del trabajo requiere de relaciones laborales absolutamente diferentes.

Hablamos de una horizontalidad de las responsabilidades, de un nuevo tipo de gestión, donde los trabajadores deben enfrentar tareas que exceden el tradicional puesto laboral, para ubicar sus saberes en el contexto productivo, asumiendo trabajos grupales, que implican la toma de decisiones y la resolución de problemas. Difícilmente podremos identificar esas características del empleo con su precarización.

La resolución de esta disyuntiva se definirá, en alguna medida, el escenario futuro. De triunfar la idea de precarización solo podemos imaginar una sociedad cargada de conflictos e inseguridad, empresas no competitivas y en consecuencia un agravamiento aun mayor del desempleo. Aplicar un genuino principio de flexibilidad, por el contrario va a generar una verdadera competitividad en las empresas, si entendemos que, generalizada la tecnología, lo que las hará diferentes será su forma de organización y la calidad de sus trabajadores.

Solo desde esta dimensión tendrá sentido profundizar las propuestas de Formación Profesional, tomando como nuevo principio orientador el concepto de competencia laboral tanto para el diseño, como para la evaluación de las acciones. Adoptar la idea de competencia laboral provocará la inclusión de este componente en la negociación colectiva. No es este un razonamiento interesado; solo incorporando en los nuevos convenios colectivos de trabajo la articulación referida a la necesidad y el derecho de los trabajadores a una formación basada en competencias y el reconocimiento salarial al trabajo calificado derivado de esa formación, se podrá establecer, además de un componente de justicia en las relaciones laborales, la adhesión del trabajador a las necesidades e intereses de la empresa a la cual pertenece. Seguramente las grandes empresas se ocuparan de capacitar en forma selectiva a su propio personal y no consideramos condenable esta actitud, que se encuentra inscripta en la misma noción de competencia capitalista. Solo se podrá reclamar al sector empresario un mayor compromiso en el diseño de las competencias laborales y en el desarrollo de un sistema de pasantías, de carácter esencialmente educativas, pero el grueso de las responsabilidades sociales deberá ser asumido por el estado nacional y las organizaciones intermedias. La estructura del empleo en nuestro país, determina que la mayor parte del mismo se encuentre en las pequeñas y medianas empresas, que por su misma dimensión no pueden generar políticas de capacitación para su propio personal. Creemos que en este caso deberán concurrir, mancomunadamente las acciones del estado y de las organizaciones sindicales para establecer no solo políticas, sino también acciones conjuntas que beneficien a este sector. Resulta necesario terminar de establecer los vínculos entre el llamado sistema educativo formal y la Formación Profesional. El desarrollo del sistema basado en competencias será una inestimable ayuda en esta dirección, particularmente en lo referido al reconocimiento de los saberes adquiridos fuera del sistema formal y en el proceso de articulación entre la Formación Profesional y los Trayectos Técnicos Profesionales. En el mismo sentido creemos que toma gran importancia en la nueva realidad, pensando en los grupos que han tenido una corta vida escolar, desarrollar un sistema modular que se inicie con el desarrollo sistemático de las competencias básicas, como un primer peldaño en un sistema de educación permanente

El nivel de discusión de estas cuestiones es aun de muy poco desarrollo y profundidad dentro del Estado y los actores sociales. Aun no se ha superado la discusión teórica y es tiempo ya de pasar a las acciones concretas. Desde la Confederación General del Trabajo, asumiendo la cuota de responsabilidad que nos corresponde, sé esta generando una política destinada a multiplicar los cuadros sindicales comprometidos con esta problemática. A pesar de estas consideraciones y de la singular importancia que estos temas adquieren en la agenda sindical no son las acciones de Formación Profesional, ni el sistema educativo en su conjunto los responsables de resolver el problema del desempleo, aunque la aplicación de propuestas adecuadas contribuirá a mejorar las condiciones de empleabilidad de los trabajadores.

Prof. Roberto Serrao

http://www.faecys.org.ar/cultura/10...