Antonio Pérez Collado, Confederación General del Trabajo País Valencià i Murcia
Hace algún tiempo que en el Ateneo Libertario Al Margen se nos ocurrió poner como título de uno de nuestros libros el de “Papá, ¿tú crees que somos clase media?”, una frase atribuida a un hipotético y curioso niño. El reciente 19 de junio Xema Sánchez Alcón publica en las páginas de Levante-EMV un artículo de opinión titulado “Mamá, ¿qué es un sindicato?”, lo que supone una feliz coincidencia en este recurso de utilizar la pregunta infantil a los progenitores para intentar explicar a los mayores asuntos que no son propios de la infancia, pero que ya empiezan a desatar su natural curiosidad, algo de lo que cada vez adolecen más adultos.
Dejo la explicación de si la mayoría social somos o no clase media -como se dice ahora con el oculto objetivo de fomentar el individualismo insolidario- para quien le pueda interesar nuestro libro, para centrarme en el texto del profesor Sánchez Alcón con quien comparto muchas de las opiniones que vierte en su oportuno artículo. Fundamentalmente coincido en la constatación de que hay una permanente ofensiva de la patronal y la derecha para desprestigiar todo lo que huela a sindicatos, reivindicaciones y luchas obreras.
Sin embargo en ese trabajo hay algunas afirmaciones que me parecen demasiado trilladas y poco rigurosas sobre un tipo de sindicalismo actual que todavía goza del respaldo de la izquierda progresista, a la que asusta más el sindicalismo revolucionario que el conservadurismo de los sindicatos corporativos y los patrocinados directamente por la patronal.
En primer lugar quisiera matizar la definición que en el mencionado artículo se da del sindicato. Se dice que es “una organización que defiende a las personas trabajadoras frente a los abusos del poder político y del poder económico”. Es una explicación que sin dejar de ser cierta habría que ampliar un poco; históricamente y en nuestro tiempo en diversas corrientes se considera que el sindicato es una organización de la que se dotan los trabajadores y trabajadoras para defender sus derechos y libertades e impulsar el cambio a una sociedad más justa. Es un error dar por válida la idea generalizada hoy día de que el sindicato viene a ser como un seguro o una empresa de servicios y los delegados sindicales los agentes de ventas de los mismos. No es bueno que el sindicato reduzca su papel a representar a los trabajadores -como el Parlamento dice representar la voz de la ciudadanía- lo realmente auténtico es que los trabajadores y trabajadoras sean el sindicato, lo gestionen y decidan sus lineas de actuación.
Por otro lado es incuestionable que gracias a la lucha sindical se han logrado muchos derechos que las generaciones actuales seguimos disfrutando, pero no es menos cierto que la actuación reformista y servil de algunos sindicatos a los que el calificativo “de clase” empieza a caerles grande ha propiciado la pérdida de importantes conquistas. Repasar todas las reformas laborales, los recortes de las pensiones y los pactos y convenios regresivos nos puede dar una idea aproximada de lo mucho sacrificado en las mesas de negociación. Y ya sabemos quiénes negocian la inmensa mayoría de los convenios y pactos sociales.
En todo caso y sin hacer complejos cálculos matemáticos podemos observar que muchos trabajadores antes podían comprarse un piso con su nómina y hoy eso es prácticamente imposible. Otro dato muy aclarador es la comprobación de que los precios en los últimos años han crecido más que los salarios, por mucho que el gobierno presuma de la subida del SMI. El salario y la pensión mínimos están todavía muy lejos de permitir una vida digna de ese nombre.
Callar ante las renuncias de esos dos sindicatos mayoritarios -relativamente grandes gracias el descarado apoyo de gobierno, patronal y progresismo político y merced a un sistema de representación que les favorece claramente- e ignorar otros modelos de sindicalismo que mantienen prácticas mucho más combativas, asamblearias y de clase es un flaco favor a la historia de ese movimiento obrero que se ha consolidado con la participación directa de trabajadores de todo el mundo desde hace dos siglos, dejando a su paso grandes ejemplos de compromiso y entrega; algo de lo que parecen adolecer determinados santones del sindicalismo oficial, últimamente más preocupados por salir con la ministra Yolanda Díaz en la tele. Decir estas verdades del barquero para nada respalda los insultos y descalificaciones que son arrojadas en las redes solo cuando, ocasionalmente, los sindicatos hacen lo que deberían hacer siempre.
Antonio Pérez Collado
CGT-PViM

