El día después del 1º de Mayo
Antonio Pérez Collado, CGT-València
Hubo un tiempo -no tan lejano como podría pensarse- en que el 2 de mayo solíamos desayunar, en el bar o en casa, hojeando la prensa en busca de la información sobre las manifestaciones en las que habíamos participado el día anterior. Y, aunque hoy parezca increíble, en muchos medios estaban recogidas (de aquella manera, pero estaban) las movilizaciones del sindicalismo alternativo; bien es cierto que salvo honrosas excepciones se daba excesivo protagonismo a las comitivas del sindicalismo mayoritario y las de otros sindicatos aparecían como simples apéndices de las oficiales, con sus siglas equivocadas, sin fotografías de banderas y pancartas, etc.
Más de un medio -y estamos hablando de periódicos propiedad de empresas capitalistas- llegaba a publicar cada 1º de Mayo un par de páginas con artículos de opinión de responsables orgánicos de prácticamente todos las organizaciones sindicales con presencia en la zona. Sin embargo ese ejercicio de respeto a la pluralidad sindical y la práctica rigurosa de la libertad de prensa han ido perdiendo espacio a media que las empresas de creación de opinión se van concentrando cada vez en menos y más sucias manos.
También es cierto que a lo largo de los 140 años que lleva conmemorándose la tragedia de Chicago, no ha habido uno solo en que esta jornada no haya sido reprimida en algún lugar del mundo y su verdadero sentido no ha dejado de sufrir intentonas de tergiversación: Fiesta del Trabajo, san José Obrero o las demostraciones del sindicalismo franquista en el Santiago Bernabéu… Al final han acabado dejándolo en un consumista “puente de mayo”.
Tomando como ejemplo este 1º de Mayo de 2026 y la ciudad de València, hay que denunciar que habiendo tres manifestaciones (que además salían de la misma plaza de san Agustín) esos medios (locales y estatales, públicos o privados) solamente han recogido una de ellas y publicado lo que los dirigentes de UGT y CC.OO. y los políticos afines han querido contar. La muy nutrida y combativa manifestación de CGT o el potente concierto que este sindicato y diversos colectivos sociales celebraron en el barrio de El Carmen han sido escamoteados al público que paga esos medios y merece que le cuenten las cosas sin recortes o manipulaciones. Lo mismo hay que decir del tratamiento dado a la otra manifestación alternativa, convocada por CNT, IV y COS: silencio absoluto.
Podría pensarse, siendo considerablemente crédulos e ingenuos, que ese trato tan descaradamente favorable a los ahora llamados agentes sociales se debe a su condición de mayoritarios. Sin embargo tal privilegio se mantiene también en sectores y territorios donde van perdiendo esa mayoría o incluso ya son minoritarios. Aquí surge la duda razonable sobre si tales entes no habrán llegado a “mayoritarios” precisamente por el respaldo mediático, patronal e institucional. Es curioso que el silencio que pretenden imponer al sindicalismo alternativo (y muy principalmente al anarcosindicalismo) se aplique con más intensidad cuando su presencia en los centros de trabajo y en las luchas sociales aumenta con tanta claridad como disminuye la hegemonía de los partidos y sindicatos de la onda socialdemócrata.
Pero a muchos de los portavoces de estos medios, que claman amargamente en defensa de la libertad y la verdad en editoriales y tertulias, acusando de mala praxis a los influencers ultras y a lo que llaman despectivamente pseudomedios, convendría señalarles que decir verdades incompletas tampoco es una práctica ejemplar.
Esta muy bien apelar a la historia heroica de sindicalismo de clase y recordar que ha sido con la lucha social como se han conseguido los derechos que hoy disfrutamos la clase trabajadora. Pero es una taimada manipulación ocultar que las historia del movimiento obrero es mucho más que la trayectoria de UGT y CC.OO. De hecho, en el caso de nuestro país, la presencia en el mundo del trabajo y la cultura y el potencial transformador han tenido históricamente en el anarcosindicalismo su máximo exponente.
Otra práctica burda y tramposa es defender a los agentes sociales porque son víctimas de las políticas neoliberales y de ellos dependen la conservación de todos los derechos y libertades. Reconociendo el importante papel de los sindicatos en la historia, no se puede renunciar a la crítica rigurosa y documentada del cambio experimentado por dichos “mayoritarios” a partir de los pactos de la Moncloa y de los recortes que han firmado desde entonces.
Nos sermonean con lo mucho que han mejorado nuestros salarios y condiciones de vida gracias al sindicalismo responsable de los dos sindicatos de marras, pero todavía están por valorar la responsabilidad de esos agentes sociales en el retraso de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años y en el resto de ataques a las pensiones. Tampoco nos han explicado cómo es posible que siendo más del 80% de los convenios firmados por CC.OO. y UGT, los salarios y condiciones de trabajo hayan empeorado tanto, que ni con dos empleos puede el personal aspirar a comprarse una vivienda.
Frente a esa unanimidad mediática, que ignora todo aquello que se salga del modelo de democracia controlada en que vivimos, afortunadamente existen abundantes y plurales formas de distribuir información veraz y opinión crítica. En este momento muchas personas, especialmente jóvenes, se informan acudiendo directamente a las fuentes que generan las luchas, buscando noticias en sus páginas y redes sociales o compartiendo los medios alternativos (prensa, radio y televisión).
Si los medios convencionales (privados y públicos, que en esto del boicot a los sectores críticos se parecen como dos gotas de agua) ignoran lo que interesa a los sectores populares, la respuesta no puede ser otra que dejar de recurrir a ellos y apoyar activamente a periódicos autogestionados, radios libres y demás formatos de contrainformación.




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